lunes, 10 de febrero de 2014

Cuando no todo es aire puro

ÁNGELES BEJERANO. 31.01.2014 - 07:34h 


Es difícil hablar de un perfil homogéneo entre la gente que da el salto de la ciudad al campo con el deseo de empezar una nueva vida. La crisis económica, con el consiguiente aumento del paro y su especial incidencia en las grandes ciudades, empuja cada vez más a las personas a buscar una forma de vida más sencilla y armoniosa, que requiera menos medios para subsistir y tenga más y mejores perspectivas de futuro. 

La industrialización vació miles de pueblos españoles en décadas pasadas y ahora la crisis está revirtiendo el proceso. El medio rural, que lleva años luchando contra la despoblación, se está convirtiendo ahora en el punto de mira tanto de profesionales que pueden ejercer su trabajo desde cualquier lugar, teletrabajando, como de los que viviendo en la ciudad se han quedado en el paro y buscan una oportunidad en el mundo rural. 

Abraza la Tierra es una fundación que asesora gratis a gente interesada en la vuelta al mundo rural Abraza la Tierra es una fundación constituida en 2010 que actúa en varias comunidades autónomas españolas (Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cantabria, Aragón y Extremadura). Es una organización sin ánimo de lucro y no cobra por sus servicios a nadie. Desde julio de 2004, trabajan por asentar población en el medio rural, intentando revitalizar de este modo el tejido social y empresarial de nuestros pueblos. Asesoran e informan a gente interesada en la vuelta al mundo rural. 

Los pesados papeleos 
Eva González, su coordinadora, lo aclara: "No damos casa ni trabajo; informamos y ayudamos gratuitamente a los que llegan al campo". Pero, además, les enseñan a gestionar trámites para posibles ayudas, como los Fondos Leader, un programa de la Unión Europea que lleva fomentando los negocios en el medio rural desde 1991. Estas ayudas han sumado 1.700 millones de euros entre 2007 y 2013; cubren un 30% del capital, pero obligan a los interesados a pedir préstamos bancarios, que muchas veces son denegados pese a contar con el aval de una ayuda europea. El pasado 31 de octubre finalizó el plazo para solicitar estas ayudas europeas y ahora hay que esperar hasta que empiece a funcionar el nuevo periodo de programación, que se desarrolla de 2015 a 2020. 

Para este 2014 los aspirantes tendrán que conformarse con las ayudas estatales, de las Comunidades Autónomas y de los municipios, lo cual supone perderse en un sinfín de papeleos, con azarosos resultados. Abraza la Tierra también hace un seguimiento de la acogida y el proceso de integración en el pueblo. Eva advierte de que es engañoso pensar que en las poblaciones pequeñas no hay crisis. "En los pueblos las condiciones son más ventajosas a nivel económico, dado que los alquileres son mucho más bajos que en la ciudad y las posibilidades de autoempleo y vivienda son mucho mayores", pero reconoce que en muchas ocasiones se tiende a idealizar la vida rural y se olvida que no todo es aire puro, pájaros cantando y paseos en primavera. Por eso destaca que "lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de plantearse el cambio de vida es que resulta imprescindible tener coche y carné de conducir". 

Atención, preguntas 
Desde Abraza la Tierra suelen recordar una y otra vez que, a la hora de buscar oportunidades en el campo, hay que tener muy claro dónde se va y poner de acuerdo a todos los miembros de la familia. A partir de ahí, recomiendan en la organización, deben hacerse varias preguntas: "¿De qué voy a vivir? ¿Puedo vivir con un teletrabajo? ¿Qué se me da bien?". El perfil tipo son parejas con estudios superiores, de grandes ciudades, de unos 35 años y sin hijos" Desde 2010 ha aumentado exponencialmente el número de peticiones que gestionan. "El perfil del solicitante tipo –describe González– son parejas con estudios superiores procedentes de grandes ciudades, sobre todo de Madrid, de unos 35 años y sin hijos. Contactan por centenares con nosotros, pero muchos no están en disposición económica de cambiar su residencia e iniciar una empresa". 

La coordinadora de Abraza la Tierra insiste en que "la vida en el campo no es fácil, hay que seguir pagando facturas y es imprescindible tener un proyecto de vida y de subsistencia". La experiencia de estas organizaciones de apoyo certifica que en estos momentos es poca la gente que consigue integrarse y salir adelante sin problemas, en relación a la que lo desea. Apenas surgen ofertas de empleo en los pueblos, por lo que las opciones pasan por abrirse camino montando un negocio propio. Según el último censo de habitantes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de los municipios de menos de 100 habitantes ha aumentado en un 12,9% en los últimos 10 años, y también ha crecido, aunque solo un 0,2%, la de las localidades de entre 2.000 y 5.000 habitantes. 

Además, desde 1998, año tras año, son más las personas que abandonan las ciudades de más de 100.000 habitantes para establecerse en poblaciones de menos de 10.000 que las que siguen la dirección contraria. En todo caso, las cifras oficiales de movimientos poblacionales son escasas, por lo que no se puede hablar de un éxodo a los pueblos. La agricultura y la ganadería son las ocupaciones mayoritarias dentro del mundo rural, aunque cada vez se tiende más a diversificar con nuevas ideas de negocio que aportan las generaciones que se van incorporando, como los cultivos ecológicos, el turismo rural o empresas que trabajan para la potenciación de las denominaciones de origen. 

Rentabilidad social, ecológica, vital... 
Carmen Ibáñez, junto a Andrés y Mario, su marido e hijo, respectivamente, emprendieron hace 10 años un camino sin retorno. Su preocupación por el ser humano los impulsó a desarrollar, en la práctica, un modelo de vida alternativo y sostenible. Así nació El Rincón de los Cerezos, en el municipio de Berzocana (en la comarca de las Villuercas, provincia de Cáceres), como una experiencia real, práctica y viable. Se trata de un enclave de bioagroturismo, con agricultura y ganadería ecológicas, apicultura y casa rural. Ofrecen servicios de alojamiento y comida con la posibilidad de realizar cursos y talleres que acercan al visitante al modo de vida y trabajo de una explotación agrícola y ganadera, según un modelo alternativo de gestión ambiental sostenible. 

Los visitantes interesados pueden incorporarse al funcionamiento de la finca participando en todas sus actividades cotidianas. Carmen es rotunda al afirmar que la familia es la que ha sacado adelante el proyecto que, asegura, "no es por completo rentable, pero funcionan bien las herramientas de trueque. Además, rentable económicamente no es un concepto que nosotros manejemos; es rentable socialmente, ecológicamente, vitalmente, emocionalmente y, además, es emancipador, porque nos permite vivir al día con dignidad". Es importante no embarcarse en nada que no puedas acometer con lo que tienes" Respecto a las ayudas que tuvieron, Carmen lo tiene claro: "Es importante no embarcarse en nada que no puedas acometer con lo que tienes. Hay que contar con las redes sociales, que permiten el acceso a la tierra, conocer los lugares y a las gentes. Esto facilita el acceso a alquileres, préstamos u otras alternativas para ir empezando. Seguro que hay ayudas hoy día también, pero suelen ser trampas de las que sales malamente". Respecto a la adaptación a su nueva vida, explica que "todo fue mucho más fácil de lo que uno se imagina". "Aquí no puedes elegir y dispones de unos recursos muy distintos para la educación de los niños que en una ciudad, lo que resulta a veces un privilegio y otras una limitación", matiza. 

Color autóctono 
El proyecto ... Que Te Quiero Verde supone una apuesta decidida por la recuperación de las zonas rurales de montaña a través de sus cultivos y productos autóctonos. El tomate rosa de montaña, cultivado en reducidas parcelas y con métodos rigurosamente ecológicos, es excepcional y prácticamente desconocido en los mercados de consumo masivo. Su cultivo en La Puebla de Fantova, un pequeño pueblo del Prepirineo aragonés, en la Ribagorza y situado a 700 metros de altitud, supone un primer paso para la puesta en valor de usos y métodos de cultivos tradicionales, a través de sus productos autóctonos. Esta manera de trabajar tiene un alto valor añadido y, además, supone un importante motor de desarrollo local para la zona. "Bajo la marca … Que Te Quiero Verde se pretende producir una cantidad limitada de tomate rosa de montaña para posteriormente distribuirlo, sobre todo en cooperativas de consumo de productos ecológicos en Madrid y Barcelona", cuenta Javier Selva, fotógrafo madrileño y promotor del proyecto del mismo nombre que la marca. Javier es la cabeza visible, pero solo uno más de toda la gente que está trabajando para que este proyecto genere riqueza en un territorio que lucha por mantenerse: "Los consumidores son cada vez más sensibles a los productos elaborados tradicionalmente, de una forma ecológica y sostenible. Y es por esto que han apoyado esta idea a través de la plataforma de crowfunding [microfinanciación colectiva] Namlebee, incluso con más aportaciones de las que pedíamos". Solicitaban 5.000 euros y en cuarenta días consiguieron 5.115. La distribución del dinero es transparente: 3.500 euros serán destinados a la construcción y montaje del invernadero para proteger las plantas de las heladas y el granizo. Otros 1.000 se dedicarán al sistema de riego y tratamiento ecológico de las plantas. Y 500 son para la compra de planta autóctona proveniente de la extracción de los mejores tomates rosas de montaña. En breve pondremos en marcha más novedades junto a los hombres y mujeres de la zona""Por ahora, el tomate rosa de montaña es el único producto de ... Que Te Quiero Verde, pero en breve pondremos en marcha más novedades que tienen que ver con el turismo rural y otras iniciativas junto a los hombres y mujeres de la zona. Trabajaremos con personas que han decidido apostar por vivir en la montaña y mantener vivos sus pueblos y sus paisajes", explica, lleno de orgullo, Javier. En marzo y abril comenzarán las labores de preparación de la tierra para su cultivo: "Colocaremos la planta, dependiendo del frío y las condiciones, entre abril y mayo, y esperamos poder comer nuestros primeros tomates en julio o principios de agosto". 

Otras experiencias 
Existen otras formas de volver al mundo rural, aunque todas tienen en común el respeto a la naturaleza y la búsqueda de una vida más sencilla y armoniosa. Perdido en un rincón de la Alpujarra granadina, en el municipio de Cáñar, en una ladera del Parque Natural de Sierra Nevada y cerca de Órgiva, se encuentra un poblado hippie llamado Beneficio. Aquí viven unas 200 personas de diferentes nacionalidades, en unas tierras compradas hace años y organizadas por ellos mismos mediante permacultura: alternan de forma sostenible y equilibrada sus viviendas con parcelas de huertos cultivados. Ni alcohol, ni drogas duras ni armas, y total respeto por la naturaleza. Y por supuesto, sin discriminación por raza, sexo o religión. Compartir la comida es otra de sus normas y son estrictamente vegetarianos. Pero en su propia vivienda cada uno es libre. No son los únicos. La utopía autogestionada de Lakabe es conocida internacionalmente. Nació en los años ochenta como un sueño hecho realidad. Un pueblo abandonado y recuperado en el norte de Navarra, en un entorno idílico, cien por cien autosuficiente y ofreciendo una alta calidad de vida a sus habitantes, dentro de una filosofía de vida natural. Igual que en Matavenero, un pequeño pueblo a 1.000 metros de altitud, en la comarca del Bierzo (León). Su filosofía de vida es el respeto a la naturaleza y la agricultura biológica. Las decisiones sobre la comunidad se toman por consenso. Entre sus habitantes hay un médico y un psicólogo y tienen escuela para los niños pequeños. Los mayores acuden al colegio del pueblo cercano. Como dicen en su web, Matavenero ofrece un espacio donde conocerse a uno mismo, aprender de la madre tierra y experimentar la convivencia de distintas maneras de ver la vida. 

Los pueblos pierden lo suyo 
La Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local fue aprobada por el Gobierno el pasado mes de julio sin ningún consenso y aprovechando el periodo vacacional. Con el pretexto del ahorro y la racionalidad, se desmantelarán un total de 3.200 entidades menores y 1.024 mancomunidades. Esto significa que se desvían los servicios públicos rurales –que antes se gestionaban directamente en los pueblos– a las Diputaciones Provinciales. Otra de sus consecuencias tiene, incluso, más importancia y repercusión: los recursos naturales que pertenecen a los pueblos, los bienes comunales, montes, tierras, etc., pasarán también a manos de las Diputaciones. Esto supone que, posteriormente, podrán ser las grandes empresas privadas del agronegocio, el turismo y los servicios las que gestionen y obtengan beneficio con el patrimonio de todos

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